

Rehabilitación · Bizkaia · Baserri
Un baserri no es una casa cualquiera. Es el bastidor de una vivienda vasca tradicional —vigas de roble, muros de mampostería, distribución alrededor de la chimenea— y, casi siempre, un edificio de más de cien años que exige respeto y método. Rehabilitarlo no es reformarlo: es actualizarlo sin borrarlo.
En Izarte llevamos años trabajando en baserris de Bizkaia. La palanca no es la tendencia del año, es el criterio de qué se toca y qué se conserva. Este artículo resume cómo abordamos una rehabilitación de baserri: qué implica el diagnóstico previo, dónde ponemos la modernidad y dónde mantenemos la mano de la tradición.

Antes de tocar un lápiz, hacemos diagnóstico estructural. Los baserris tienen tres puntos donde suele estar el problema oculto: la estructura de madera (vigas y forjados), la mampostería exterior (humedad ascendente por capilaridad) y la cubierta (aislamiento inexistente y goteras localizadas). Sin resolver eso primero, cualquier reforma bonita se degrada en cinco años.
Con Ander y el equipo de obra vamos casa por casa. Se inspecciona con humedímetro, se pincha en las zonas dudosas, y se decide qué se mantiene, qué se refuerza y qué se sustituye. La regla que aplicamos es sencilla: si aguanta y contiene la historia, se restaura; si no aguanta o no es original, se sustituye por algo que respete el lenguaje del edificio.
Euskaraz
Izarte, zure baserriaren bizitza berpizten. Gure lantaldeak zure baserriaren historia eta gaur egungo estiloa uztartu egingo du, espazio funtzional eta atsegina sortuz.
En casi todos los baserris nos encontramos con vigas de roble o castaño de un grosor que hoy no se ve. La tentación fácil es cubrirlas con falso techo para «ganar altura y limpieza»; la decisión correcta suele ser lo contrario: dejarlas vistas, restaurarlas y hacerlas protagonistas del salón o de la cocina.


No es un camino fácil. Como contábamos en su día en el Instagram del estudio, en cada proyecto de vigas vistas aplicamos un tratamiento específico: primero limpieza en profundidad (a veces decapado suave), después tratamiento insecticida-fungicida por inyección y superficie, y finalmente aceites naturales o barnices al agua para fijar el tono sin plastificar la madera. El resultado añade toque rústico y acogedor, pero sobre todo cuenta una historia y da carácter y autenticidad al espacio.
En el baserri actualizamos lo que no se ve: instalación eléctrica completa (viejas suelen ser puestas a la ligera), fontanería con salida a cubierta ventilada para evitar condensaciones, aislamiento térmico en cubierta y en muro por el interior con trasdosado, y suelo radiante bajo tarima donde el forjado lo permite. Con eso el baserri pasa a categoría energética razonable sin cambiar su alma.
No forzamos aluminios en los huecos originales: preferimos carpintería de madera con rotura de puente térmico y doble o triple vidrio, respetando el despiece original. No metemos escaleras de vidrio: usamos escaleras de madera maciza o metálicas discretas. Y no cambiamos los suelos de madera antigua si están sanos: se cepillan, se calzan y se recuperan.
Tradición y modernidad se dan la mano cuando la modernidad es invisible.
Como orden de magnitud —cada baserri es un mundo—, una rehabilitación integral de un baserri de dos plantas útiles en Bizkaia, respetando la estructura y sustituyendo instalaciones, se mueve habitualmente entre 1.400 y 2.200 €/m², con horquilla amplia según el estado de partida (humedad, cubierta, forjados) y el nivel de acabados. Los proyectos que hemos hecho han estado en obras de 8 a 14 meses desde el inicio.
Antes del contrato pasamos por una fase de proyecto básico con diagnóstico, catas y presupuesto detallado. Esa fase es la que evita las sorpresas serias en obra; en un baserri, saltársela es garantía de sobrecoste.
Si estás pensando en rehabilitarlo, la primera visita técnica es sin compromiso. Vamos, vemos el estado real —estructura, cubierta, humedades— y te decimos con honestidad qué es viable y qué presupuesto orientativo necesitas.
En muchos casos sí, si la parcela y el planeamiento del municipio lo permiten (cambio de uso de una unidad a dos, con licencia de obra mayor). Es una decisión que se estudia en la fase de proyecto básico; a veces conviene y a veces no compensa por la complejidad de acometidas y accesos separados.
El Gobierno Vasco y las Diputaciones de Bizkaia mantienen programas de rehabilitación energética (aislamiento, sustitución de ventanas, sistemas eficientes) a través del EVE, y hay ayudas Next Generation gestionadas a través del IDAE. También existe la deducción foral por rehabilitación de vivienda habitual en IRPF. Todo suma; lo cuadramos en el presupuesto.
Rara vez. En una rehabilitación integral hay demolición, cambio de forjados y trabajos en cubierta que hacen la vivienda inhabitable durante meses. Sí es posible hacer rehabilitaciones parciales por fases —por ejemplo, primero planta baja, después alta— si el cliente lo necesita, aunque el sobrecoste ronda el 10-15 % frente a hacerlo todo de golpe.
Tres cosas: el estado de la cubierta (goteras, luces por el desván, tejas rotas visibles), la humedad en la parte baja del muro (moho, salitre, revoco desprendido) y el estado de las vigas del forjado (si el suelo cede o hay grietas horizontales en tabiques altos). Con esas pistas ya sabemos por dónde empezar.
Fotografías originales publicadas en el Instagram de Izarte —
baserri euskaraz (1),
baserri euskaraz (2) y
vigas vistas.